jueves, 14 de abril de 2016

El Primer Imperio francés: el fracaso de los sueños hegemónicos de Napoleón Bonaparte

Napoleón Bonaparte: el fracaso de un proyecto absolutista
de nuevo cuño bajo el manto de la Ilustración  
En 1799, el Senado francés otorgó al general Napoleón Bonaparte el liderazgo de la I República francesa nombrándolo Cónsul de la misma. Tras una serie de victorias bélicas en el exterior contra los enemigos absolutistas de la Revolución Francesa el general había logrado devolver el orgullo a Francia para la que había diseñado un proyecto claro: llevar al país galo hacia la hegemonía mundial, desplazando al Reino Unido y consiguiendo un nuevo orden mundial bajo los principios de la Ilustración. Pero ante los inicios de su aventura partía con un serio hándicap: su figura apenas suscitaba el apoyo de la mitad de los franceses tal y como manifestó el plebiscito realizado en 1800 para la aprobación de la Constitución que plasmaba su diseño institucional basado en una República consular al estilo de la antigua Roma. Sin embargo, pese a sus derrotas navales en ultramar frente al Reino Unido el proyecto hegemónico napoleónico se materializaba a velocidad de vértigo gracias a las múltiples victorias frente al Sacro Imperio Romano Germánico y Austria reforzándose por tanto el prestigio del nuevo líder francés, quien en 1802 elaboró una nueva constitución que le otorgó el consulado vitalicio convirtiendo a Francia en una dictadura republicana. Pero la consagración máxima del poder de Napoleón Bonaparte tuvo lugar en 1804 mediante una nueva constitución que le convirtió en emperador, instaurando una monarquía absoluta de nuevo cuño que respondía a sus deseos de convertirse en emperador mundial: se inauguraba el Primer Imperio

Las tropas napoleónicas seguían avanzando imparables por la Europa continental, pero su proyecto hegemónico no era capaz de infligir el más mínimo daño al Reino Unido que afirmaba su hegemonía naval. Una vez lograda la hegemonía sobre la Europa continental el Primer Imperio fijó su mirada en la Península Ibérica pactando con su aliada España la invasión y reparto de Portugal, pero una vez alcanzada la hegemonía sobre Portugal el aliado español carecía de sentido y tras un extraño golpe palaciego en la corte de Carlos IV el otrora aliado se convirtió en enemigo y fue invadido, encontrándose con una insospechada resistencia por parte del pueblo español que contó en su lucha contra el invasor francés con el no menos insospechado apoyo del antiguo enemigo británico que ahora se había convertido en amigo. Los sueños imperiales napoleónicos sufrieron un duro contratiempo quedando paralizados en la Península Ibérica, pero en 1812 Napoleón decidió dar un nuevo impulso a sus sueños lanzando una temeraria invasión contra Rusia que se reveló como un error fatal, tanto por la elevada incertidumbre y magnitud del proyecto como por la dispersión de los esfuerzos bélicos imperiales. A partir de ahí la suerte cambió completamente para el Primer Imperio francés siendo definitivamente derrotado en la Península Ibérica y en Rusia, perdiendo también paulatinamente todas sus anteriores conquistas territoriales centroeuropeas hasta experimentar su definitiva derrota en 1814. Ese año las tropas de todas las monarquías europeas derrotaron a Napoleón Bonaparte en su propio país, forzándole al exilio en la isla italiana de Elba: acababan los sueños imperiales franceses y la revolución regresando Francia al mismo punto de partida con el regreso de Luís XVIII, hijo del guillotinado Luís XVI














miércoles, 2 de diciembre de 2015

La patria latina: la alternativa mundial de la latinidad

La patria latina: alternativa mundial
basada en el humanismo y el soft power
El escritor menorquín Nicolau Maria Rubió i Tudurí publicó desde su exilio parisino en 1945 la obra La patria latina: del Mediterráneo a América en un contexto caracterizado por la ruina y la devastación derivada de la II Guerra Mundial. En ese contexto de fracaso del nacionalismo estatal en el que el europeismo surgía como alternativa al mismo para construir sociedades estables y prósperas, el escritor menorquín realiza una propuesta insólita: la creación de una Confederación Latina o Unión Latina en base a la unión de los pueblos latinos del mundo. Y es que Rubió i Tudurí consideraba al europeismo, a la hispanidad, a la lusitanidad, a la iberoamericanidad o al panamericanismo como respuestas meramente regionales, parciales y por tanto insatisfactorias con respecto a las exigencias del momento mundial, exigencias que pasaban por una reconstrucción basada en la unión, la armonía, la paz, la prosperidad y que reclamaban respuestas amplias, en base a conjuntos amplios y universales, no terrenales, parciales o regionales, capaces de construir una verdadera federación mundial. Así pues, frente a una política exterior basada en el materialismo económico en base a zonas de libre comerciogeopolítica en base a conjuntos meramente terrenales o étnica en base a la unión de territorios étnica o linguisiticamente homogéneos, Rubió i Tudurí propone un concepto no menos original y sorprendente que su alternativa latinista: la pneumatopolítica como política mundial basada en el espíritu, en el espíritu de una latinidad que frente a otros conjuntos o pueblos podía ofrecer una visión mundial fundamentada en el equilibrio, la armonía, la racionalidad, la belleza fruto de un patrimonio inmaterial sedimentado en base a una larga historia cuyos orígenes se remontan a Grecia y Roma y en base al cuál Rubió i Tudurí justifica su alternativa universal, sintetizándola de una forma maravillosamente clara y diáfana en la que probablemente constituye una de las mejores y más brillantes exposiciones jamás hechas sobre la latinidad

En 1945 pese a que el contexto mundial era propicio al abandono del nacionalismo estatal en realidad Rubió i Tudurí no era nada optimista en cuanto a la materialización de su idea, pero él exiliado del franquismo y persona ilustrada, burguesa, liberal y progresista jamás pudo imaginarse que el régimen que tanto aborrecía acabaría dándole una sorpresa. Y es que tras basar su legitimidad en la alianza antinatural con el hitlerismo germano tras la derrota bélica de este el régimen franquista se acordó de las raices verdaderas de España relegitimándose no ya en base a la hispanidad sino en la latinidad, concepto en el que también se reunió con una nueva Italia democrática cuya dictadura fascista se hundió con el nazismo, olvidando también sus raíces y la nueva mundialización romana experimentada a inicios del siglo XX en base a la extensión pacífica de la italolatinidad por el continente americano. Entonces, bajo el liderazgo franquista (único éxito internacional del régimen) la latinidad se materializa a inicios de los años cincuenta con la creación de la Unión Latina. Pero encerradas en si mismas y obsesionadas en un europeismo que no es nada incompatible con la latinidad, primero Francia Italia y luego España se obsesionaron única y exclusivamente con Europa, diseñando para la latinidad un papel absolutamente secundario con lo cuál la Unión Latina ha ido languideciento lenta pero constantemente hasta el día de hoy, cuando en 2012 toda la latinidad europea a excepción de Rumanía y su apéndice Moldavia decidieron suspender las actividades de una organización, que sin embargo por vergüenza y porque las raíces propias pese a todo son difíciles de olvidar sigue viva tal y cómo demuestra una magnífica web que ofrece un maravilloso testimonio de la esencia de la latinidad y de su fuerza. 

Una alternativa latina que sigue siendo tan necesaria, útil y viva en 2015 que en 1945 porque la latinidad representa sobretodo y ante todo una política del espíritu, una política única dado que su patrimonio inmaterial demuestra que es la única capaz de construir un mundo más libre, justo, solidario, estable y por todo ello democrático, frente a otros grandes conjuntos mundiales que o bien reducen al hombre a la esclavitud o lo embrutecen ofreciéndole cosas feas y que no satisfacen, incompatibles con el respeto y la dignidad que merece todo ser humano por el hecho de ser hombre.