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| La patria latina: alternativa mundial basada en el humanismo y el soft power |
En 1945 pese a que el contexto mundial era propicio al abandono del nacionalismo estatal en realidad Rubió i Tudurí no era nada optimista en cuanto a la materialización de su idea, pero él exiliado del franquismo y persona ilustrada, burguesa, liberal y progresista jamás pudo imaginarse que el régimen que tanto aborrecía acabaría dándole una sorpresa. Y es que tras basar su legitimidad en la alianza antinatural con el hitlerismo germano tras la derrota bélica de este el régimen franquista se acordó de las raices verdaderas de España relegitimándose no ya en base a la hispanidad sino en la latinidad, concepto en el que también se reunió con una nueva Italia democrática cuya dictadura fascista se hundió con el nazismo, olvidando también sus raíces y la nueva mundialización romana experimentada a inicios del siglo XX en base a la extensión pacífica de la italolatinidad por el continente americano. Entonces, bajo el liderazgo franquista (único éxito internacional del régimen) la latinidad se materializa a inicios de los años cincuenta con la creación de la Unión Latina. Pero encerradas en si mismas y obsesionadas en un europeismo que no es nada incompatible con la latinidad, primero Francia e Italia y luego España se obsesionaron única y exclusivamente con Europa, diseñando para la latinidad un papel absolutamente secundario con lo cuál la Unión Latina ha ido languideciento lenta pero constantemente hasta el día de hoy, cuando en 2012 toda la latinidad europea a excepción de Rumanía y su apéndice Moldavia decidieron suspender las actividades de una organización, que sin embargo por vergüenza y porque las raíces propias pese a todo son difíciles de olvidar sigue viva tal y cómo demuestra una magnífica web que ofrece un maravilloso testimonio de la esencia de la latinidad y de su fuerza.
Una alternativa latina que sigue siendo tan necesaria, útil y viva en 2015 que en 1945 porque la latinidad representa sobretodo y ante todo una política del espíritu, una política única dado que su patrimonio inmaterial demuestra que es la única capaz de construir un mundo más libre, justo, solidario, estable y por todo ello democrático, frente a otros grandes conjuntos mundiales que o bien reducen al hombre a la esclavitud o lo embrutecen ofreciéndole cosas feas y que no satisfacen, incompatibles con el respeto y la dignidad que merece todo ser humano por el hecho de ser hombre.
