miércoles, 2 de diciembre de 2015

La patria latina: la alternativa mundial de la latinidad

La patria latina: alternativa mundial
basada en el humanismo y el soft power
El escritor menorquín Nicolau Maria Rubió i Tudurí publicó desde su exilio parisino en 1945 la obra La patria latina: del Mediterráneo a América en un contexto caracterizado por la ruina y la devastación derivada de la II Guerra Mundial. En ese contexto de fracaso del nacionalismo estatal en el que el europeismo surgía como alternativa al mismo para construir sociedades estables y prósperas, el escritor menorquín realiza una propuesta insólita: la creación de una Confederación Latina o Unión Latina en base a la unión de los pueblos latinos del mundo. Y es que Rubió i Tudurí consideraba al europeismo, a la hispanidad, a la lusitanidad, a la iberoamericanidad o al panamericanismo como respuestas meramente regionales, parciales y por tanto insatisfactorias con respecto a las exigencias del momento mundial, exigencias que pasaban por una reconstrucción basada en la unión, la armonía, la paz, la prosperidad y que reclamaban respuestas amplias, en base a conjuntos amplios y universales, no terrenales, parciales o regionales, capaces de construir una verdadera federación mundial. Así pues, frente a una política exterior basada en el materialismo económico en base a zonas de libre comerciogeopolítica en base a conjuntos meramente terrenales o étnica en base a la unión de territorios étnica o linguisiticamente homogéneos, Rubió i Tudurí propone un concepto no menos original y sorprendente que su alternativa latinista: la pneumatopolítica como política mundial basada en el espíritu, en el espíritu de una latinidad que frente a otros conjuntos o pueblos podía ofrecer una visión mundial fundamentada en el equilibrio, la armonía, la racionalidad, la belleza fruto de un patrimonio inmaterial sedimentado en base a una larga historia cuyos orígenes se remontan a Grecia y Roma y en base al cuál Rubió i Tudurí justifica su alternativa universal, sintetizándola de una forma maravillosamente clara y diáfana en la que probablemente constituye una de las mejores y más brillantes exposiciones jamás hechas sobre la latinidad

En 1945 pese a que el contexto mundial era propicio al abandono del nacionalismo estatal en realidad Rubió i Tudurí no era nada optimista en cuanto a la materialización de su idea, pero él exiliado del franquismo y persona ilustrada, burguesa, liberal y progresista jamás pudo imaginarse que el régimen que tanto aborrecía acabaría dándole una sorpresa. Y es que tras basar su legitimidad en la alianza antinatural con el hitlerismo germano tras la derrota bélica de este el régimen franquista se acordó de las raices verdaderas de España relegitimándose no ya en base a la hispanidad sino en la latinidad, concepto en el que también se reunió con una nueva Italia democrática cuya dictadura fascista se hundió con el nazismo, olvidando también sus raíces y la nueva mundialización romana experimentada a inicios del siglo XX en base a la extensión pacífica de la italolatinidad por el continente americano. Entonces, bajo el liderazgo franquista (único éxito internacional del régimen) la latinidad se materializa a inicios de los años cincuenta con la creación de la Unión Latina. Pero encerradas en si mismas y obsesionadas en un europeismo que no es nada incompatible con la latinidad, primero Francia Italia y luego España se obsesionaron única y exclusivamente con Europa, diseñando para la latinidad un papel absolutamente secundario con lo cuál la Unión Latina ha ido languideciento lenta pero constantemente hasta el día de hoy, cuando en 2012 toda la latinidad europea a excepción de Rumanía y su apéndice Moldavia decidieron suspender las actividades de una organización, que sin embargo por vergüenza y porque las raíces propias pese a todo son difíciles de olvidar sigue viva tal y cómo demuestra una magnífica web que ofrece un maravilloso testimonio de la esencia de la latinidad y de su fuerza. 

Una alternativa latina que sigue siendo tan necesaria, útil y viva en 2015 que en 1945 porque la latinidad representa sobretodo y ante todo una política del espíritu, una política única dado que su patrimonio inmaterial demuestra que es la única capaz de construir un mundo más libre, justo, solidario, estable y por todo ello democrático, frente a otros grandes conjuntos mundiales que o bien reducen al hombre a la esclavitud o lo embrutecen ofreciéndole cosas feas y que no satisfacen, incompatibles con el respeto y la dignidad que merece todo ser humano por el hecho de ser hombre.